jueves, 11 de junio de 2026

Las dos caras de la moneda

 

Cada vez soy más consciente de la incontestable verdad que encierran los refranes. Aunque no formen parte omnipresente de mi vocabulario como en el caso de Sancho Panza, el devenir de los acontecimientos me ha ido revelando que son perlas de sabiduría. Releyendo “El Quijote” he constatado que la mayoría de los que empleamos asiduamente proceden de las letras cervantinas.

Siempre había pensado que eso de que “no hay mal que por bien no venga” era una especie de falacia consoladora. Una tentativa de antídoto para paliar las adversidades con algún tipo de beneficio. Aunque ya sabemos que lo que no te mata te hace más fuerte y que de los problemas se extraen las más valiosas enseñanzas, esas certezas no siempre consiguen evitar el dolor, la decepción, las injusticias, la pérdida... La resiliencia ayuda a transformar los problemas en oportunidades, pero no es una varita mágica.

No creo que todo lo que te sucede te conviene, sin embargo en algunas ocasiones he experimentado que cuando algo falló trajo un regalo de la mano. Que quizás no compensó los sinsabores, pero que en cierto modo logró edulcorarlos. Cuando contemplas la situación con perspectiva, a veces vislumbras alguna pepita de oro que en su día te pasó desapercibida. A menudo un mal recuerdo desencadena uno bueno, y viceversa. Será por eso de que cuando Dios cierra una puerta abre una ventana. Al final va a ser verdad que todo forma parte de un plan y nada sucede por casualidad.

Reconozco que soy bastante escéptica en cuanto al destino, tengo más fe en el libre albedrío. Quiero creer que somos los arquitectos de nuestro destino. Que son nuestros actos los que definen nuestro recorrido, con una mayor o menor influencia de factores externos. Lo que llamamos suerte cuando el viento sopla a tu favor. Según Woody Allen en “Match point” (para mí, su mejor película), mucho más determinante de lo que pensamos. La magnífica serie “La suerte: una serie de casualidades” también defiende esa tesis aunque ligada a la superstición (de la cual carezco). La psiquiatra Marian Rojas la define como el lugar donde confluyen la preparación y la oportunidad. Coincido bastante con su planteamiento. Diría que aunque el azar intervenga en la ecuación, tiene más peso lo que se propicia de alguna manera.


Hay casos que te la muestran la otra cara de la moneda aunque tardes en entenderlo. Cuando alguien no te quiere a su lado, en realidad te está haciendo un favor porque sin duda estás mejor sin esa persona aunque esa consciencia suele aflorar a toro pasado. De los “noes” emergen los “síes”. A veces ese cambio da lugar a posibilidades que ni contemplabas. Muchas veces lo que te parece una maldición se convierte en una bendición. El karma, la justicia divina o cósmica, acaban poniendo todo en su lugar.

Algún “Brexit” me ha permitido dedicarle más tiempo a mi familia, a mis amistades, reconectar conmigo misma. Descansar más en un momento vital en el que lo necesitaba y hallar cierta serenidad. Sin dejar de sentir nostalgia o tristeza, con la incertidumbre a cuestas, fui capaz de gozar de libertades que mi alma añoraba. Con la sensación de que la vida me ofrecía una píldora sanadora en el momento idóneo.

Me vienen a la mente vivencias en las que mis planes se frustraron. Yo que soy tanto de disfrutar fantaseando con lo que vendrá, organizando, teniendo todo bajo control, me llevo decepciones constantemente. Como si el universo me dijera: entérate de una puñetera vez que no está en tus manos. Adáptate a las circunstancias, que es una de las formas más eficaces de inteligencia. Aprende a improvisar, a cambiar de rumbo. A desmontar tu cuento de la lechera y reinventarte si hace falta.

En una ocasión diseñé una maravillosa escapada con el que entonces era mi novio a mi lugar favorito. Me hacía bastante ilusión compartir mi paraíso particular con la persona que ocupaba mi corazón. Todo estaba trazado en mi mente cuando surgió un imprevisto ajeno a mi voluntad que impedía el viaje a ese destino. Tras la rabia inicial por tan inoportuna fatalidad, mi mente comenzó a perpetrar un plan B que de alguna manera resarciera o al menos atenuara el jarro de agua fría. A una velocidad supersónica busqué un destino atractivo, localicé un hotelito agradable y rediseñé un premio de consolación. Pasamos unos días fantásticos en un precioso pueblecito del litoral andaluz que aliviaron mi descontento y casi me hicieron olvidar el chasco inicial.

Años después fui consciente de hasta qué punto ese obstáculo que había desviado la trayectoria había sido providencial. Cuando la relación terminó agradecí inmensamente no tener recuerdos con esa persona en ese sitio tan especial para mí. Supe entonces que lo que surgió como un inconveniente fue lo mejor que podía haber pasado. A veces el plan B puede superar al A.

Nunca sabrás si el avión al que no subiste se habría accidentado, si hubieras elegido otra ruta te habría atropellado un coche o si el lugar al que no fuiste te habría hecho infeliz. Acumulas convicciones, pero las incertidumbres implican un mundo de posibilidades.

Las tragedias a menudo propician lo mejor del ser humano: la solidaridad, la cooperación, la empatía. Esa sensibilidad colectiva que hemos constatado recientemente ante circunstancias devastadoras. También está el que saca rendimiento de la desgracia propia o la ajena, de todo hay en la viña del Señor.

He comprobado cómo han aparecido oportunidades en mi camino que me han inducido a plantearme que no era el correcto. Un proverbio japonés dice algo así como “si subes al tren equivocado, cuanto antes te bajes de él menos camino de vuelta tendrás que recorrer”. Si es para ti, aunque te quites. Y si no lo es, aunque te pongas. Si mi realidad hubiera sido otra esas opciones no habrían existido. Lo mejor es enemigo de lo bueno.

Puede que creas que lo que tienes no es exactamente lo que anhelabas, que se te escapó un sueño. Y no te das cuenta de que quizás eres más feliz con una alternativa que ni te imaginabas, pues conlleva ventajas que vas valorando en su justa dimensión. Como estar cerca de la familia, vivir en tu ciudad, disponer de cierto tiempo para dedicarle a lo que amas... mejor que el tesoro de Montecristo. O estaba de Dios o era tu auténtico ikigai. En cualquier caso esa trayectoria la has ido definiendo tú. Asumes las consecuencias de tus actos con una mirada indulgente y tratas de ver la cara oculta de la luna según los valores que te inculcaron. 

Las dos caras de la moneda

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