jueves, 2 de julio de 2026

Pasiones


Al igual que la piel, el alma también tiene memoria. Diría que la más profunda y selectiva de todas. Tendemos a recordar más lo bueno como estrategia inconsciente de supervivencia. García Márquez lo expresó de maravilla: "la memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio, logramos sobrellevar el pasado".

A veces el olvido es salvación. No siempre se logra, pero el tiempo concede una perspectiva relativizadora para que las adversidades no se conviertan en un lastre ponzoñoso.

Lo que se hace deja una impronta. Imprime carácter, como los sacramentos. Vas descubriendo lo que te acelera los latidos del corazón, cuales son tus cápsulas de felicidad. La vida nos conduce por caminos inesperados, sin embargo acabamos retornando a lo que conforma nuestra esencia. Como el hilo invisible que te une a las personas que quieres, a los lugares donde fuiste feliz o a los recuerdos que se escribieron en el corazón con tinta indeleble.

Cuando haces algo que te motiva tu cerebro se inunda de dopamina, indicándote que es la vía correcta. El entusiasmo lo reviste de magia. Al igual que un río, esa vocación discurre por sinuosos vericuetos pero busca su cauce.

Si disfrutas con una actividad, probablemente cuando la añoranza pese más que las circunstancias busques la forma de retomarla. Siempre encontramos la forma de hacer lo que amamos. Acumulas un bagaje que te define. Eres lo que eres por las vivencias, la genética y las decisiones tomadas. Lo que un día te cautivó sembró una semilla que con un poquito de agua germinará.

Como dicen en la magistral película “El secreto de sus ojos”, uno puede cambiar de casa, de familia, de religión, pero nunca de pasión. Cuando descubres mundos deslumbrantes renunciar a ellos sería traicionarte a ti misma. El tiempo se pierde, se gasta o se invierte. La vida es demasiado breve para dedicarla a lo que no te importa. Y esa certeza se afianza con el paso de los años, porque sabes que te quedan menos.

Entregarte a tus pasiones es un ingrediente esencial de la receta de la felicidad. Son las luces que contrarrestan las sombras. Vivimos sometidos a obligaciones, el tiempo libre es un bien escaso. Pero  siempre se puede encontrar si te compensa.

Amo viajar, el cine, leer y escribir. Todo lo que me supone un estímulo intelectual y/o estético atrapa mi atención. Dicen que la cultura es lo que queda cuando olvidas lo que has aprendido. Ese barniz que te aportan las lecturas, los viajes, las experiencias y las relaciones personales cuando te enriquecen. Aquello que estimula tu intelecto deja un poso. Te va moldeando en alguien con mayor amplitud de miras y capacidad de criterio. Cuanto más sabes más consciente eres de lo que ignoras. La inquietud de aprender te acompaña de por vida.


El psiquiatra Enrique Rojas afirma que si un joven es capaz de dejar el móvil y leer un libro es un aristócrata del conocimiento. A mí me costó descubrir los encantos de la literatura, sin embargo ahora no puedo ni quiero vivir sin ella.

Soy muy selectiva en ese sentido (como en otros). Hace tiempo aprendí que libro que no merece una segunda lectura no merece una primera. Y que si no te engancha es mejor dejarlo. Aunque lo ideal sería saber un poco de todo, si me hablas de física molecular o del planeta Marte mi cerebro no es tan receptivo como si me explicas la técnica de Caravaggio o en qué consiste el Realismo Mágico.

En el contexto académico mi ámbito es la Historia, más concretamente la del Arte. Haciendo lo que te ilusiona eres más tú que nunca. No siempre se puede vivir de lo que se ama, pero sí dedicarle un espacio en tu día a día. Además, suele ser lo que mejor se te da. Como explica la parábola de los talentos, estamos moralmente obligados a hacer buen uso de los dones que hemos recibido.

Disfruto escribiendo tanto textos históricos como novelas. Ambos requieren una labor de documentación, especialmente en el primer caso. Me encanta esa fase previa, pero me quedo con la redacción. Es como ensamblar todas las piezas elaborando un discurso, un entramado que tenga sentido y tu sello personal.

Me gustaría definirme como una “contadora de historias”, pero me limito a fabular por escrito lo mejor que puedo, en los ratos de los que dispongo, sobre temas que me interesan. La escritura de ficción exige un componente creativo que te otorga una inmensa libertad. Son tus vivencias, anhelos e inventiva lo que le insufla vida. Debe ser una narración amena, con voz propia y verosimilitud. Para mí el reto está en intentar escribir la historia que me gustaría leer.  

Las pasiones le dan sentido a la vida, equilibrando la balanza. Son remedios rescate, inhibidores del cortisol. Vitaminas para el alma, una inversión en bienestar. La vida son dos días y ya ha pasado uno.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Pasiones

Al igual que la piel, el alma también tiene memoria. Diría que la más profunda y selectiva de todas. Tendemos a recordar más lo bueno como e...